Curso del 63

Por fin acaba el docu-drama que asegura que cualquier tiempo pasado fue mejor. Ese en el que los niños o adolescentes respetaban a los adultos. Ese en el que los profesores tenían autoridad. Ese en el que la palabra del profesor tenía potestad de sagrada, pese a que fuera una tontería.

Como persona dedicada a la pedagogía crítica me gustaría destacar de forma (evidentemente) crítica dos rasgos que me parecen cuanto menos bochornosos.

El primero de ellos es el uso de la fuerza. En uno de los anuncios se podía ver a alguien vestido de traje y con bigote zarandeando a un alumno mientras le pedía respeto. Es lo bueno que tiene el tipo de autoridad que se reclama en el docu-drama, que el traje te da el poder de agredir físicamente a los estudiantes, pero eso sí, siempre “por su bien“. Total, si la Convención de Ginebra nunca llego a los centros educativos, aunque los barrotes sí.

Ante semejante actitud nos encontramos con maestros que pueden agredir y alumnos sumisos. ¿Qué pasaría si la actitud fuera al contrario?. ¿Si el alumno zarandeara al profesor?. No hace falta imaginarse el drama. Pero la lección parece clara. La “autoridad” puede hacer lo que quiera, que el que no tiene poder está enseñado a someterse, que para eso es para lo que sirve la escuela -ya entiendo yo que algunos quieran volver a este sistema-.

El segundo aspecto a resaltar pasa por el genial argumento del tipo del bigote cuando los alumnos le piden explicaciones. Porque yo lo digo y punto“. El argumento me parece apasionante, pero me gustaría entender en qué momento el personaje del bigote ha trascendido su juicio al de la más absoluta moralidad.

Claro que en la actualidad todavía hay muchos problemas éticos, con necesidades de discusión, pero el del bigote sabe qué es bueno y malo, es más, sabe hasta qué es bueno para los demás. Con lo que supongo que su vida será ejemplar. Desde aquí mando mi petición para el Nobel de la Paz y, en cuanto que se muera, firmo para que le canonicen. Con lo difícil que es guiar la vida de uno mismo, como para saber que necesitan los demás.

La cuestión es que yo soy más partidario de Onfray. Cuando el jefe de estudios dice tonterías no hay que hacerle caso y lo que han de hacer los alumnos es organizar la desobediencia civil. Porque tonterías las decimos todos, aunque no lo creamos.

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Acerca de jjbarba

Profesor con dudas, estudiante curioso, Maestro de nada, aprendiz de todo, Experto en utopías, soñador ambicioso.
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2 respuestas a Curso del 63

  1. sorak dijo:

    Dímelo a mi, que debo tener un máster en decir sandeces.

    En cualquier caso, el individuo trajeado debe de haber encontrado la mejor solución para el bienestar físico y mental de uno mismo: arrearle un guantazo a alguien y convencerse de que “es por su bien” y/o “estoy haciendo lo mejor para él” requiere un control mental asombroso… eso o padecer algún tipo de trastorno bipolar también podría ser.

  2. jjbarba dijo:

    Yo opino que es más de psicólogo. Alguien que hace de su trabajo la humillación a los demás es porque padece algún tipo de trastorno. El problema es que se ve como normal, no ha provocado ningún debate social. A veces alucino.

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