El cementerio de elefantes

Una de las preguntas más habituales que se hace a algún funcionario es ¿qué se siente después de aprobar las oposiciones?, sabiendo que el trabajo es eterno. Desde ese día hasta la muerte ya no va a haber mes sin salario, bien sea por el desempeño de un trabajo o por la jubilación. A mi parecer, esto tiene una gran ventaja y es la seguridad de que independientemente de lo que suceda se dispone de un dinero para vivir; así se pueden hacer planes a largo plazo, los bancos ofrecen hipotecas para comprar casas,  se pueden tener hijos con la seguridad de que nunca les va a faltar el alimento…

Pero a su vez ser maestro funcionario tiene una gran desventaja, que es la de morir en vida, la de pasar más de 30 años con el mismo trabajo, haciendo lo mismo curso tras curso, generación tras generación… Esto roza la tortura más que la motivación, que la predisposición a luchar por una sociedad mejor… Imagínese, 35 años poniendo ladrillos, en diferentes paisajes, pero sin dejar de poner ladrillos, con la misma técnica, con paletas similares, sólo ante montañas de ladrillos y cemento. ¿cuántos ladrillos se puede poner en una vida?. Los suficientes como para llegar a aburrirse. Bien, la metáfora no está muy bien traída, porque como diría Marx, el que pone ladrillos hace lo que otro ha imaginado, lo que en gran parte es alienante, y un maestro hace lo que piensa, lo que no debería de serlo, aunque con las leyes cada vez más restrictivas en lo referente a lo curricular y el importante rol de los libros de texto, me caben mis dudas.

El caso es que no existe una carrera profesional. Empiezas a dar clase, con los apuros de quien sólo sabe lo vivido como alumno y lo aprendido en la universidad; poco a poco se coge soltura y se realiza la misma tarea sitemáticamente hasta la jubilación.En cualquier empresa privada el trabajador que empieza y adquiere cierta soltura va adquiriendo nuevas responsabilidades, comenzando por dejar a su tutor y hacerse autónomo, posteriormente puede tener aumentos de sueldo, controlar tareas a un grupo, ser tutor de nuevos empleados, pasar a desempeñar tareas similares con más responsabilidad. Un arquitecto empieza a trabajar bajo un tutor, hasta que a medida que pasan los años se hace responsable de algún proyecto, dejando por el camino un rastro de competencia que le hace promocionar. ¿Pero y en el caso de los maestros? Empiezan a trabajar con el máximo de responsabilidades, y su función no cambia hasta que se jubila. Por esa falta de carrera profesional afirmo que la función docente  es un cementerio de elefantes. Se aprueba una oposición y se entra en un terreno en el que esperar la jubilación. Hay quien puede decir que ser equipo directivo es un ascenso, pero cuando uno se hace maestro es para enseñar, no para hacer papeles  y gestionar instituciones. Son tareas distintas. No me vale.

Desde luego que hay maestros suficientemente motivados que por iniciativa propia, innovan, buscan una mejora de la educación, cuentan sus experiencias,… ¿Pero para qué sirve eso?. ¿Cómo se premia aun maestro esforzado?. Desde luego que no como en la empresa privada, no hay una figura de maestro experto que pueda impartir parte de sus clases y asesorar a quien lo necesite. No hay quien tutorice con mimo y dedicación a los nuevos, no hay quien sea un experto que dedique parte de su horario a sacar adelante proyectos de innovación educativa…

Dentro de este caso me encuentro, como todos los septiembre. Estoy echando documentación para ser profesor asociado en la universidad. Supuestamente es la figura de un experto en un campo que va a transmitir sus conocimientos a los universitarios. Yo no se sí soy experto, pero eso lo consideran al sacar la primera plaza en las convocatorias, pero la dedicación de años no se valora cuando no se me deja compatibilizar ambos trabajos. Para mi esto sí que es un grado de experto, a los futuros grados en primaria puedo contar lo que hago en el colegio, y viceversa.  Dos mundos educativos retroalimentados por la experiencia de uno y la ilusión del otro. Pero es imposible, es el momento de elegir, salir de las comodidades del cementerio de elefantes e iniciar la vida como hace 15 años, o seguir matando la ilusión dentro de una vida cómoda. ¡¡¡¡Cuanto me gustaría que se reconocieran los esfuerzos de los maestros!!!!

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Acerca de jjbarba

Profesor con dudas, estudiante curioso, Maestro de nada, aprendiz de todo, Experto en utopías, soñador ambicioso.
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4 respuestas a El cementerio de elefantes

  1. “Hay quien puede decir que ser equipo directivo es un ascenso, pero cuando uno se hace maestro es para enseñar, no para hacer papeles y gestionar instituciones. Son tareas distintas. No me vale.”

    Lo mismo se aplica para otras profesiones. Yo soy programador. llevar gente puede ser un ascenso, o no, pero hay gente a la que no le gusta.

  2. duczen dijo:

    Esta entrada me parece destinada para y por maestros al margen del resto de trabajos, porque los males que presentas se dan en todos los trabajos y sectores.

  3. jjbarba dijo:

    Pero no sólo para maestros, es algo bastante habitual en los funcionarios. Una enfermera tampoco puede progresar, sólo hacer lo mismo en otro sitio,…

  4. jjbarba dijo:

    De acuerdo con Ender. Uno es lo que es, y le gustaría ser experto en su campo, no tenerle que abandonar para progresar.

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