Después de varios días leyendo referencias a la posibilidad de cortar el acceso a Internet por utilizar programas de intercambios de archivos, he optado por expresar mis ideas al respecto, ya que considero que en ocasiones el debate se desenfoca, ya que existen posturas claramente a favor y otras en contra, que no dejan ver el bosque. Yo no se si estoy a favor del P2P, o programas de intercambio de archivos, o en contra, lo que si tengo claro es que el debate me resulta interesante para opinar sobre determinados aspectos de la propiedad intelectual, como creador que soy.
El primer aspecto que me llama la atención es la equivalencia de usar programas P2P con la equiparación a descargar productos con copyright. En el mercado hay productos con copyleft, que perfectamente pueden ser intercambiados por estas redes, es más, incluso hay archivos sin ningún tipo de licencia que se pueden intercambiar, como las fotos de una boda dentro de un archivo rar con clave. Ante esto considerar al usuario de P2P como un delincuente es inaceptable. El P2P es una herramienta muy interesante, pero como todo depende del uso, el cuchillo es muy interesante y valioso para comer, pero un terror si es para apuñalar. No podemos decir que todos los usuarios de cuchillos somos criminales, por la misma lógica que no se puede decir que todos los usuarios de P2P son delincuentes. ¿Acaso en el anteproyecto de ley se habla de cortar Internet a los usuarios de P2P? o ¿sólo a los usuarios de P2P que descarguen copyright?.
El segundo aspecto a valorar es qué se considera un trabajo, es decir, una actividad digna de ser remunerada. Para los liberales esta actividad se basa en un tiempo que alguien dedica a algo y esto merece una retribución en función del producto. En cambio para los marxistas el salario está en función del tiempo empleado y no del rendimiento económico de la labor. Ante esto los derechos de autor de un producto, entran dentro de otro tipo de remuneraciones no directas al tiempo dedicado.
Un caso similar a lo que son los derechos de autor es el de las patentes, entendiéndolas como un beneficio que se otorga a un creador, que una vez demostrado que el invento es útil se le ceden los derechos de explotación por un tiempo limitado. Hay que tener en cuenta que la patente evita la copia inmediata, lo que permite al autor amortizar el tiempo dedicado a la innovación a posteriori, es decir, una vez llevado a cabo el hecho permite recuperar la inversión en tiempo.
Pero las patentes tienen un componente de utilísimo del producto, con lo que las creaciones artísticas no entran dentro de este aspecto del trabajo. De este vacío en el campo surge el derecho de autor, no entendido como una posibilidad de obtener beneficio, sino más como un ejercicio de la libertad de expresión en la que una persona consigue plasmar su pensamiento. De esto se entiende que la obra y el productor de ella son una misma cosa, y el autor se hace cargo de ella.
El problema surge cuando el derecho de autor deja de ser un derecho moral y se convierte en económico. En ese momento la cultura deja de ser una forma de expresión para pasar a ser un producto, mejor dicho, bien nobiliario. Entendiendo que la cultura produce beneficio, no por el tiempo de producción artístico, sino por la posesión de un derecho de explotación, como en el caso de las tierras nobiliarias. El beneficio que surge del arrendamiento de estas a los campesinos es por un derecho de posesión, no del tiempo que han dedicado a algo. Es más, el derecho de posesión en caso proviene de generaciones anteriores, sin que el propietario haya realizado ninguna acción en su vida para ser rentista, más que nacer en una familia con posibles. Un rentista gana dinero sin necesidad de ser o desarrollar labor alguna.
Ante esto, entiendo que el copyright es una forma de feudalismo moderno, en el que el derecho de las canciones supera la propiedad intelectual, y trata de formar rentistas, considerando que una creación se posee. La cultura deja de ser popular para pasar a ser un bien privado que se alquila o se vende. Pero el mayor problema radica en que los artistas ceden los derechos de las canciones a las discográficas o a las editoriales, quedándoles un porcentaje muy bajo del beneficio. Así el rentismo cultural apenas pertenece al creador, sino que se lo quedan determinados grupos editores. De este modo es normal que estos beneficios nobiliarios-creativos sólo interesen a ex-creadores o a creadores con grandes ventas en formato CD o libro.
Ante esto , considero que el problema que presenta la actualidad es que las formas de producción se han abaratado, y cualquiera con un mínimo de talento y conocimiento se puede expresar por Internet. El problema radica en que los beneficiarios del feudalismo cultural están perdiendo poder de influencia y beneficios económicos. La guerra del P2P excede de los intereses de difusión cultural y se centran en el poder de decir qué oír, qué leer, qué es cultura y de cobrar por ello.